Rômulo no sabía que el destino se había apoderado de su día. Normal como cualquier otro, esperando el transporte tan desesperado por la tardanza del tiempo y el calor que recorre el cuerpo. Abordó el autobus con la menor intensión de conocerla. Varios lugares vacíos, pero ella reflejaba algo más que la simple compañia ofrecida; aguardó un instante y se sentó junto a la chica, despistada; en busca de olores pasados, descifrando texturas alergicas, pensativa con la mirada perdida en la nada del camino. ¿Qué sintió su corazón? Amor. Ilusión.Simple pretensión. Después de tratar de encontrar la forma de dirigirle la palabra, recurrió a lo clásico; preguntarle la hora, yo no sé si ella no lo escucho o le ignoro, porque ella no quiere saber nada. Intento fallido, ella quiere que él se baje o cambie de lugar, hay tantos lugares vacíos en ese momento, pero Rômulo no lo hará sino todo lo contrario, persiste en su idea y consigue arrebatarle unas frases indiferentes. Pedir la hora, el nombre, ocupación y hacia donde se dirige en ese momento. Ella quiere creer que algún día alguien la seguirá. Baja del transporte sin siquiera dirijirle una mirada al triste, solitario y enamorado de Romulo, que se quedará hasta el final del viaje.Lo consiguió...pero ella huyó.Yo huiré. |