en el refrigerador...
 
dearness
jueves, octubre 26, 2006
Y él aprendió a amar en nuestra despedida.
El amor como droga, compulsivo. El amor como abismo y como peligro. Ese amor espléndido por el que uno se pierde. La hija del caníbal.


Capítulo 1
La vida se arregla, pero sobre todo mi vida, la que realmente me pertence porque permanece en mi ese deseo sublime de vivir y más aún el de sobrevivir. Durante días de asfixiante agobio, de insomnio prolongado, de dolores programados no hacia otra cosa que sufrir mi presente llenándolo de palabras, sentimientos y miradas. Tratando de conservar la calma ante todo, porque puedo permitirme todos los lujos menos perder la calma, la paciencia y el espiritu tranquilizador de que no hay cosa que no pueda solucionarse. Fue así como mi optimismo febril subsistió hasta hoy en que fui plenamente feliz y sin esmeros. Tenía demasiados miedos acorralados, demasiada incertidumbre almanacenada en las cursis margaritas que nunca deshojaré. También tenía ese frío avazallador que te congela más allá de las sustancias que circulan por el cuerpo y el rencor ahogado en el último café con mucha azúcar, porque la despedida debía ser así,dulce como yo.

Capítulo 2
Todos tenemos nuestros secretos, pero también todos saben nuestros secretos. Es tan sencillo como contemplarnos una mañana detrás de una coincidencia aparatosa para que seamos descubiertos como los ladrones que roban un banco los lunes por la tarde. No era nada particular. Ni siquiera tierna o bonita. Vestía siempre tonos oscuros y sombríos como su alma. Pocas personas le rodeaban. Tenía la virtud de discutir con el mundo para pedir perdón, para no irse al infierno, para no perderlo. Sin embargo, un día no supo controlar lo único contrable en estos días de aburrimiento, los sentimientos. Creyó amar a una de las pocas personas amables de amar en este planeta. Creyó creer que podría disfrazarse, mentir, creer querer en amar. Pero no fue así. No todo es perfecto y mucho menos el amor. Después tomó una decisión, la mejor. Y se fue así como llegó, para ser olvidada y olvidar a quien amó.
Capítulo 3
Tic tac tic tac...faltan 15 para que falten 20 para las 11. Esa era su forma de marcar el tiempo. De sugestionarse para creer que faltaba poco para la hora señalada o aplazar aún más la inaplazable visita al médico. La mañana sería breve así como el silencio. No había una respuesta capaz de hacer dejar de sollozar de pavor a su corazón lleno de esperanzas. Entraba ahí, a uno de esos lugares que había abandonado hace tiempo por su suprema decisión de estar sana. Veía el piso, las lámparas, y recordaba con poca nostalgia que lo que éstas significaban para ella. A los pocos minutos pasó al consultorio, donde revisó palmo a palmo hasta la última jeringa estéril. Se sentó en esas sillas acolchonadas negras que tratan de poner cómodo a la persona más incómoda. Ahí aguardaba la espera hasta que terminó. El médico llegó. Parecia menos viejo que la última vez, con unos lentes que le recordaron a un amigo enamorado, comenzó a hablar sobre el tiempo que había pasado; como si una vieja amistad se viese truncada por las líneas de los momentos no compartidos y vuelven a encontrarse en un punto donde la vida los ha dejado atrás. Así siguió hablando hasta callar cerca de las 11. Pero lo más importante de todo es lo que dijo. No podía predecir su futuro porque su título de médico cirujano no le permitía leer los caracoles pero si los riñones, y éstos auguraban una vida larga en la salud como la que ella llevaba en la palma de su mano.
Capítulo 4
Es transparente. Sin duda es su principal virtud. Y se la canté al oído mientras bailabamos la última vez, la útima pieza. Abrazados bajo las miradas de quienes juzgan pero no humillan. Es de los pocos que se sonrojan sin la vergüenza sino por ternura, por amor, puro amor y amor puro. Yo sin duda le quiero. Porque no me miente. Porque me escucha y me consiente y dice cosas que a sus pocos años sonarían como las inmadureces maduras del 17. Es de las pocas personas que merecen ser felices...
Capítulo 5
Ser soltera y estar soltera. Alguna vez hablamos sobre la diferencia entre esas dos formas de soltería. Aplicables sin duda a cualquier especimen suelto incluso esos sin anillo que circulan por la vida pensando que siempre gozaran de sus virtudes. Lo sé y es que para mi sin anillo no hay nada, o al menos eso expresé en una clase. En fin, la vital diferencia radica en que serlo es una decisión, es un ahorita no quiero, no tengo ganas, no toca, no hace falta. Y estarlo es buscar inresignadamente una persona para dejar de serlo. Lo mismo pasa con el sexo.
Capítulo 6
Dios sabe que le apreció. Y aunque me quede dormida orando no importa porque él está dentro de mis pensamientos. Él puede ver lo que algunos llaman alma y en lo que yo no creo, aunque se moje cuando llueve. Él sabe que aunque su hijo no nació en diciembre yo disfruto de las seminavidades con la familia. Dios sabe que es importante para mí aunque no lea la biblia, exceptuando los proverbios y los eclesiastés. Dios sabe que las iglesias me aburren pero no él. Dios tiene todas mis certezas, pero principalmente la certeza de que yo existo.
posted by !ne-sH? @ 22:34  
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