La casa estaba en la mayor oscuridad. Sólo el televisor encendido y algún teléfono. No sólo la oscuridad es una característica de casa, la soledad también. Leí un rato Ana Karenina para descubrir que yo quiero ser un poco como ella, así encantadora. Luego ya al fin con lugar para cenar, algunos regalos por comprar, las rosas de mi hermana en el comedor, ella llamando para ver si ya se habían abierto los botones. Lorenzo un rato con su singular alegría electrizante. Mi vida nocturna siempre ha sido mala, pero particularmente estos días tengo deseos de estar en cama temprano. Ya dejé al café aunque tal vez alrato me preparé uno. Pienso en sus malos pasos, en lo que me importa, en los papeles del hospital que iría a planificar hoy, en mi amiga que me agradeció la visita, en lo que vendrá y lo que no espero. No puedo dejar de pensar en todo ello. Sin embargo, creo que cada vez aprendo más a sobrellevar mi propia estrategia de vida. La búsqueda sin tregua de amor y de sonrisas en un mundo donde hay prisas. Encendí las luces que papá y yo colgamos ayer en el techo. Hace años que dejo de existir la navidad. Cuando prendieron tuve la pesadumbre en mi corazón de que el invierno había llegado junto con la navidad para atiborrarnos de nostalgias comunes que volverán el año que entra. Searcy regresa el viernes y yo me tomé anoche la canada dry que le había comprado. No me faltes nunca. Mucha paz aunque la incertidumbre prevalece en estos casos. La vida siempre es así. Desvanecer... |