Entonces me miró y yo sabía que era de forma diferente. De forma irrepetible, que me costaría trabajo dejar de verla así apenas para mí, pero sin duda alguna era ella quien detenía sus ojos momentaneos en mí para decirme que todo era diferente y complicado a la vez. Me veía sin un pasado, sin un milagro, con una mirada pura que no admitía sonrisas ni sueños. Era una mirada tan pulcra e ilimitada que no pude apartarla, que no pude responder a su dedicatoria porque me costaba comprender la diferencia. |