Espera un segundo. De pronto yo no soy yo la de siempre. Y me desconozco sin si quiera mirar al espejo que ya de por sí desconoce mi mala suerte rota. Y así congelada. De pronto ya no pude distinguir la realidad de la ficción porque ambas estaban en blanco y negro. Escala de grises quizá. De pronto deje de sentirme única en un libro lleno de fotocopias. Donde lo que siento permanece en el refrigerador. Los impulsos me atrapan, me desquician y mi razón, ella, finalmente decide que no habrá de hacerse. De pronto las horas no avanzan entre el sueño. Las letras no me llenan ni me salen. Continúo con el pedazo de vida que me toca vivir ahora y mañana y tal vez pasado mañana. Intento reestablecer los pendientes. Sacarme las dudas. Implorarme paciencia. Abandonar la incertidumbre. Y desesperada. De pronto yo continúo no siendo yo. Pero con algunas certezas. |