Esa noche volví a casa al 10 para las 10 con una ilusión y una desilusión a cuestas. Había salido huyendo de tantas cosas, principalmente del tiempo y las personas, que no me percate que al día siguiente el calendario de los dados marcaría 21 de marzo. Sin embargo y sin razón aparente comence a llorar un llanto callado, sin prisas, sin lastimas ni verguenza, acordonado por las sábanas, sin palabras ni tristezas, tan sólo un llanto fluido capaz de prologarse toda la primavera. |
A veces la única forma de reacomodarnos en nosotros mismos es fluyendo, así sin más.
Me gusta tu blog, qué bueno que también te gusta el mío. Saludos hasta allá.