en el refrigerador...
 
dearness
viernes, julio 04, 2008
Edgar♠

Quizá sea muy pronto para hablar sobre Edgar. Pero no puedo esperar a que sea tarde. Conocí a Edgar hace muchos años, probablemente nos conocemos desde que somos muy niños y no somos capaces de recordarlo. He estado buscando fotografías que nos unan pero ha sido imposible, sin embargo sé que esta vez no fue la primera vez. Tenía ya varios días en el rancho, la noche anterior me había dormido después de las 2330 por estar jugando con los señores de la carretera, en especial con Memo, escuché que Nastu, Eduardo, Urbano y el hermano de Janeth y la Prieta, no los dejaron dormir por la serenata hasta la madrugada, yo por mi parte a unos metros de ahí, dormí plácidamente hasta que las moscas vinieron a despertarme. Lejanamente podía recordar a Edgar, esa tarde había más forasteros que yo, pasó sin saludar pero sin duda me observo al pasar junto a mí y salir. Al juzgar su falta de cortesía terminaron recordando que empezó a hablar antes de caminar porque le pusieron no sé qué cosa. Luego fui a su casa y estuve con sus hermanas esperando a que se bañaran y llegara Urbano a platicar con Janeth hasta las 2130 como marca la regla social. Me enseñaron fotos de su otro hermano a quien si pude recordar, platicamos sobre sus XV cuya planeación databa desde la vez anterior que estuve ahí. Luego apareció su madre y no sé por qué comenzamos a hablar de Edgar, le dije que se veía mejor con el cabello corto, ella fue por su cartera y me mostró la credencial de la UAZ para que viera la diferencia. Ahí estaba como yo lo vi hace 2 años antes de que se fuera a Zacatecas a estudiar Odontología, hablamos sobre por qué Zacatecas y no Guadalajara o Aguascalientes, en fin una conversación extraña donde me contaron muchas cosas sobre Edgar. Entonces la Prieta y yo dejamos a Janeth y Urbano, nos fuimos a ver jugar a Nastu y Eduardo a la escuela, yo llevaba la baraja para Memo y volvimos a jugar burro castigado pero ahora con la baraja inglesa. Ahí estaba Edgar poniendo música en el celular de Eduardo y en cuanto nos vio se despidió para irse a bañar, Eduardo le dijo que después y sin decir más se fue. Ante la inexperiencia deportiva los retamos en el juego de cartas y llegó el infortunio para Eduardo; quien me hizo reír bastante pues ya traía algunas cervezas en la cabeza y decía que si eran corazones negros o bastos. A los pocos minutos reapareció Edgar bastante lindo, no puedo decir que ropa llevaba puesta porque ya para entonces estaba muy oscuro el lugar, pero si sé que se veía muy bien. A comparación de mí que había dejado la ropa modosita en el pueblo y sólo llevaba lo necesario para sobrevivir en el campo. Le di cartas para que se integrara al juego y pronto comenzó a ganarnos. De pronto lo descubría y me descubría con un interés particular en el juego de ese adversario. E incluso llegué a adivinarle la figura de su última carta. Así estuvimos esa noche hasta que llegaron por mí a las 2030 y jugamos el de la despedida. Afortunadamente no perdí nunca porque Eduardo ni siquiera podía reconocerme y Nastu seguía comiendo incanzablemente. Al finalizar les dije que había sido un placer haber jugado con semejantes caballeros y que al día siguiente temprano me iría al pueblo y el martes volvería a Tijuana. La Prieta dijo que ellos también irían, como suelo hacerlo sin que nadie se dé cuenta, me incluí en el plan y acordamos que pasarían por mí a mediodía y si no salía era porque la combi de Cornelio me había llevado. Esa noche me sentía muy extraña, estaba como flotando y quizá sea por eso que me caí y sufrí de dolor durante toda la madrugada evitando que pudiera dormir, aunque hay que reconocer que no sólo era el dolor sino esa cara de niño lindo y mi corrección hacia su cabello, es que peinado como cuando volvió si se veía bien pero seguía opinando lo mismo acerca de los aretes. A la mañana siguiente no podía ni pisar y hasta la bisabuela tuvo que prestarme su bordón. Cornelio se me fue antes de que pudiera lavarme los dientes y desayunar las deliciosas tortillas de esa casa. Así que no me quedó de otra que esperarlo. Está bien, está bien tengo que reconocer que parte de esa espera si era volverlo a ver, pero el dolor si era fuerte, sólo me retrase al despertarme para que Cornelio se fuera sin que yo pudiera alcanzarlo. Llegaron por mí y me cedieron el asiento de enfrente junto a su madre. En el camino nos encontramos con un señor que obviamente es mi pariente pero no sé quién es y le llevamos un tanque de gas a su otra casa, ahí su mamá se peleaba por bajarle a la música y yo me divertía viéndolo sufrir para salir, luego a un primo de mi papá y padre de Eduardo quien si pudo recordarme y envió saludos a la familia. Así fue como iniciamos el camino por la carretera a 40km/hr para después, a pesar de las amenazas constantes de su madre, aumentar la velocidad ante perros y vacas atravesadas. Y bueno yo amo la velocidad ajá. Nos divertíamos con una complicidad extraña y yo no sé porque comencé a hablar y hablar y hablar, no podía callarme. Y llegamos al pueblo, su madre elaboró un plan en el que me llevarían a casa mientras ella estaba en el segundo doctor. Entonces la esperamos salir del primero en una sombrita a pesar de que Edgar quería demostrarme su estilo al estacionarse de reversa. Luego se acomodó la ropa y se puso la playera negra sobre la blanca y también se veía lindo. Y fue ahí cuando le pedí su teléfono, entre mis pláticas con sus hermanas sobre Alejadro Fernandez y Diego Luna, salí con los números de todos pero yo sólo necesitaba el de Edgar para cuando me doliera una muela (obvio). Se reía bastante escuchándonos hablar de hombres guapos y le reiteré lo de los aretes si quería ser como de los que hablábamos. Me dio mucha ternura cuando Janeth contó que la noche anterior se había bañado en 5min y tardado más en escoger qué iba a ponerse. Y yo: “y en el peinado”. Su madre salió del primer doctor y la dejamos junto con Rebeca en el segundo, ahí les dijo que se veían en el jardín y yo: “que buen hijo, si eso está lejos”. Todos nos fuimos adentro ahora: Edgar, Janeth, la Prieta y yo. Me llevaron a casa, pero yo sólo sabía llegar del jardín para allá. Así que comenzó a avanzar por calles que yo nunca había pasado. Janeth dijo que le gustaba ir por ese rumbo para ver a Ricardo el hijo de Álvaro. Quien sabe como le hizo pero aparecimos por la calle del ISSSTE y llegamos a casa. Estaba la puerta cerrada y jamás hacen eso. Intenté abrir mientras Edgar bajaba mis cosas pero no pude. Entonces Edgar quitó el seguro y entramos. Nadie. Eran como las 1130 y yo coja en una casa vacía. Se despidieron de mí y se fueron. Yo tenía su número de teléfono pero no me dolía ninguna muela. Ya para cuando aparecieron todos y me puse a lavar le envié mensajes para corroborar el núm. Estuvimos conversando así por varias horas. Y supe que era maravilloso porque sabe cocinar. Aunque no es tan posibilitador de imposibles, pues no vernos pronto si le importa demasiado. Ya luego se fue y no hubo más señal. Esa noche tampoco pude dormir. Le había propuesto a Edgar que fuera mi bf y se casara conmigo. No volvería a verlo hasta mucho tiempo después, hasta que yo decida volver. La ventaja es que como buen universitario se la vive en myspace e internet como yo la mayoría de las veces, aunque regresará Zacatecas a mediados de agosto. Después vino esa idea cuyo deseo de cosas imposibles me arrebata la razón. Estuve en el internet revisando lo de los boletos, platicando con mis amigos y sabiendo que volvería a casa, a Tijuana porque yo lo elegí, porque hasta lloré porque fuera ese día y ahora no quería. Como ese día las campanadas de la iglesia me ganaron no pude volver con mis tíos en camioneta, decidí visitar a mis primos para hacer tiempo a que llegase Cornelio, luego volví al internet y compré un sobre además de despedirme del tipo del internet a quien presione durante estas semanas para que abriera temprano. Puse dentro la nota que escribí en la mañana. Afuera escribí su nombre: Edgar. Ya estaba la combi ahí pero Cornelio no se veía por ningun lado, me puse pálida al encontrarme a Guillermo, un hermano de Ricardo que se puso a platicar conmigo. Al despedirse apareció Cornelio lo salude esperando no reconociera a la chica desconocida de unos días antes, le dije que me haría un favor y deslicé un billete dentro de la bolsa de su camisa, le entregué el sobre y le indiqué donde debía entregarlo. Después se puso a hacerme preguntas y terminé prometiéndole que regresaría y con su dirección para enviarle una postal. Como la anotó en un sobre igual al que le di para Edgar se rió y yo: “Cornelio no crea que voy por la vida repartiendo sobres.” Me fui a casa. Hice las maletas. Sabía lo que significaba volver a Tijuana. Aún lo sé. Aún lo vivo.
Hoy 4 de julio fui al dentista a hacer el cambio de ligas, esta vez son grises, me acordé de Edgar a pesar de que no me dolieran los dientes. Al llegar a mi casa tenía un mensaje y rápidamente me precipite a contestarle. La conversación de hoy no fue tan espectacular y el sueño y el calor me volvieron enfadosa. Quizá deba reconocer que lo que más me gusta de Edgar es ese defecto-virtud de no creer que lo imposible puede convertirse en posible, además claro está de su sonrisa, su peinado, su estilo al conducir, su acento, sus signos de admiración y la forma de ganarme en las cartas.
Si, era muy pronto para escribir sobre Edgar todas estas horas (hojas).

posted by !ne-sH? @ 19:49  
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