Mi cabeza no tenía brújula. O más bien: el norte era Jericó, en más de un sentido. Punto cardinal de mi vida, viento que la enfría, estrella polar, guía, dirección y sobre todo frontera, limite de algo más que territorios, frontera de exilios, distancias, separaciones que la vida de Jericó volvió irremediables... Yo siempre quise ser Jericó pero al menos en este fragmento el mío es Jon. |