| domingo, octubre 09, 2005 |
| Y se comió sus hot cakes |
| No es una manía, pero tampoco una obsesión. Marisa despierta cada mañana a la misma hora, toma una ducha, se arregla para ir al trabajo. Al salir revisa el buzón y lo encuentra vacío, quizá un poco de publicidad local. Para llegar a éste aborda el tren ligero de la ciudad, el mismo vagón, el mismo asiento; cuando alguien ya lo ha ocupado antes baja en la siguiente estación y vuelve a iniciar el recorrido, no importando el tiempo que se vaya a perder. Mientras viaja lee el libro de ocasión, una buena charla con un escritor. A ella le encanta su empleo, aunque hubiese posibilidad de cambiarlo se quedaría repartiendo cartas enviadas a través del servicio postal. Pensaba que las mejores noticias se daban por medio de las cartas, puesto que las cosas urgentes e importantes no pueden esperar a que ella llegué a casa, abra el buzón con delicadeza y deposite los sobres con estampillas de todos los lugares del mundo. Después de concluir la labor diaria de entregas, regresa a casa en el mismo tren ligero, continua la lectura de su libro; llega a su hogar dulce hogar cena sus hot cakes, escucha el radio y duerme profundamente, a la espera de lo inesperado, de un cambio drástico en el programa, de una carta que lo cambie todo: herencia de un pariente lejano, noticias de viejos amigos, un billete de lotería o simplemente una nota haciéndole creer que alguien en el mundo piensa en ella. Marisa observa a la gente cuando va al café cerca de su casa, saluda al cocinero, pregunta si no habrá más hot cakes, él responde que solo hay uno, lo endulza, ella va a su mesa y lo saborea. Si hace un poco de frío se queda a vivir los días de alguien más feliz que ella, sonríe con sus sonrisas y prefiere no llorar con sus lágrimas. Poco después se encuentra con los minutos encima, con sus supersticiones impiadosas de cenicienta. Escucha el radio y duerme. Pero Marisa no sabe que el amanecer que le espera será diferente. Despierta 15 minutos tarde, el agua de la ducha estaba fría y su uniforme desalineado; recordaba haberlo dejado intacto la noche anterior, pero que más daba analizar la situación si ya era tardísimo. Salió olvidando uno de los elementos del ritual, llegó a la estación y el tren había partido sin ella, leería un poco a la espera del siguiente, cuando busco entre sus cosas el libro se había quedado cerrado en la mesa junto a su cama. De acuerdo, dedicaría el tiempo a ver gente, a disfrutar de su compañía aunque para ellos fuese invisible. Subió al tren, su lugar estaba ocupado. Comenzó su trabajo como todos los demás días, paquetes, cartas, tarjetas postales. Se fue a su casa, se percato del sobre en el buzón que olvido revisar aquella mañana de imprevistos. En verdad, había esperado por ese momento largos años. Abrió el sobre y tan solo encontró una fotografía, pero no era cualquier fotografía, era ella Marisa en el café cenando sus hot cakes. Alguien en algún lugar de pequeño mundo vivía su vida, sonreía con sus sonrisas y saboreaba sus lágrimas. |
posted by !ne-sH? @ 20:09  |
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