El destino era hoy. Domingo. Voluntad propia. Negligencia construída. Desperté cerca las 830 luego de soñar a Searcy en un estacionamiento con su singular parecido a mí. Tomé el libro de Memorias de una geisha para terminarlo, leí algunas páginas y decidí levantarme y dejarlo para más tarde. Vine a la compu para como de costumbre revisar el mundo cibernetico y los planes para el resto del día. 1 para las 9 sonó el teléfono, pensé que sería Lorenzo para contarme lo de anoche(porque se le cortó la llamada en el antro), contesté, la voz de una mujer diciendo bueno salía del otro auricular, y no era yo ni mi eco, luego un chico le quito el teléfono y preguntó por Vanessa, mm Vanessa? soy yo...después alguien arrebató el teléfono para darle fin a semejante charlatanería. Fueron escasos los minutos y mi enojo tal que no pude decir nada de todo lo que había planeado decirle. Se fue. Al mismo tiempo se abría mi correo electrónico con 2 mensajes. Sarcasmo para Dios. Decidí que tomaría una ducha para intentar limpiar tan mal inicio. Proseguí hasta terminar el libro y volver a envolverlo en las tapas de la película. Para comer y como parte del castigo impuesto por mamá no podría salir. Me escape a comer al cotsco y pese al calor infame que hacia desvie mi camino para saber que ocurría. Llegue a la casa de la yeya y estuve tocando ante los ladridos del perro que por un momento pense sería perra. Nadie atendía y cuando iba a resignarme y buscarlo dentro de un periódico apareció en pijama y detrás de una puerta junto a la banca en la que alguna vez conocí a la yeya. Con los ojos hinchados me dio la impresión de agonía tardía, de desastre provisorio, de irremediable pesadumbre, pero que va si sólo son unos ojos hinchados. Regresó con el libro de los clósets y argumentó argumentos baratos sobre la tarde. Le dije que iría a comer pues sólo tenía una hora para ir y regresar. Prometió hacer todo lo posible. Di la vuelta a la calle mientras trataba de alejar de mi rostro los cabellos que conforme al viento dialogaban con mi acento francés. Llegue al oxxo, leí las portadas y sujeté los 3 periódicos locales aproximandome a la caja. La cajera me observo con desden y tratando de amenizar su trabajo y mis prisas comentó algo parecido a esto: periódico para toda la semana, periódico para una clase objeté yo con el rigor que me caracteriza cuando son pocas mis ganas de hablar. Salí de ahí y aterrice en el cotsco unos minutos después, atendí el teléfono con detalle a pesar del ruido de la máquina de sodas y compré mi comida, como el tiempo se había agotado tuve que comer en el camino. Para esto un mensaje se asomaba en mi celular para avisar que lo posible había sido imposible y que las deudas aumentaban, ojalá sepa que las deudas ya no son deudas cuando el tiempo se acaba. Yo tenía demasiadas dudas en la cabeza, demasiadas preguntas pero poco tiempo. Me percate que su película permanecía en el desorden del asiento trasero, decidí entregarsela mientras esperaba los semáforos en rojo para terminar de comer, en uno de ellos esas personas que se dedican a recolectar dinero se aproximo a mí y al verme sólo pudo sonreir con ternura y desear un provecho para mi rápido lonche. Volví a la casa de la yeya, deje la película en el buzón, me habría gustado traer un pluma para incluir algo a las ya anotadas frases extras, pero sin duda habrían sido crueles. Regresaba a casa con el tanque vacio y deseosa de decirle a my dear todo lo siguiente: my dear tienes suerte de que sea yo tu gf, porque también soy yo quien comprende a través de las manías y los demás cosas que no pueden cambiarse, ah my dear que suerte tienes de que no te quiera, porque si lo hiciera como todos los demás trataría de poseerte sin más, convertiría en aburrimiento las palabras que no me has escuchado pronunciar, terminarías siendo una costumbre, un deseo sin subyugar, un programa de mi agenda, un compromiso sin poder aplazar, una urgencia para perder el tiempo, y te perderías de todo creyendo que me has ganado a mí. ah my dear que suerte tienes de que no te quiera. |