en el refrigerador...
 
dearness
sábado, abril 12, 2008
El velorio
Puedo decir que más allá de la muerte en un velorio lo ideal es hablar de la vida. El pasado 7 de abril murió mi vecina de toda la vida, y digo murió porque falleció es tan impersonal como vacío. Y escribo sobre ella porque es necesario para que yo pueda seguir comprendiendo el enigma de la muerte. Las fotografías y recuerdos aún en la memoria indican que nosotros llegamos primero a la colonia a sembrar ese árbol que a pesar de los años aún continua echando raices en mi patio. Al poco tiempo se instalaron a un lado una pareja de personas visionarias en lo que a negocios se refiere, pusieron una tienda y a partir de ese momento yo no supe lo que se siente ir más lejos que atravesar la puerta por las tortillas. Acudí incanzablemente a diario durante todos estos años de mi vida a comprar e invertir mi dinero de forma que no volvería. E incluso en una ocasión a falta de efectivo llevando las arras de matrimonio de mis padres como mejor pago. Como es natural de vez en cuando hubieron diferencias, charlas y tiempo, sobre todo tiempo. Han pasado tantos años. De hecho nuestra relación vecinal ha sido tan buena que cerraron la tienda temprano para ver el primer programa de cultura a cuadro o compartiamos el menú del día, alguna manzana o dulce en recompensa por alguna compra. Aunque era una persona a veces díficil en su trato con los demás, puedo presumir ser domadora de fieras con un gesto amable y lograrlo en más de una ocasión con ella. Mi vecina se llamaba Yolanda y la tienda que habita en mi calle, junto a mi casa lleva su nombre, su estilo, su ritmo. A las 4am sin tregua limpiando una y otra vez hasta conseguir la perfección. Mi vecina jamás salió de su negocio salvo lo indispensable (extremademente indispensable), no hubo vacaciones ni tiempos de ocio. Nada. El trabajo fue su pasión e incluso al borde del delirio habría seguido haciéndolo si la muerte no le hubiera confinado otro destino. Hace unos meses ante el asombro de todos fue llevada de emergencia al hospital por una hemorragia, le fue sustraída la matriz, sin embargo su regreso y recuperación aparente al respecto fue muy pronto. Pero algo callado crecía en su garganta haciéndola callar. Como suele ser el cáncer parece llegar así sin más que cuando ya te ha carcomido por dentro, y cada célula del cuerpo está pudriéndose inconteniblemente ante el tiempo. Empeoró significativamente el último mes, entre hospitales doctores y trabajo, de vez en cuando el reposo vigilado rezaba ante su cama. Pronto ya no volvió a versele por ahí, mamá comenzó a enviar comida y visitarla, contando sobre su delirio de algunas noches al pedir que le pusieran su vestido de noche. Quizá suene mal pero nunca tuve lo que se debe tener para visitar a alguien que sabes y sabe que va a morirse en cualquier momento. Si fui por el doctor varias veces, si hice otras cosas, pero ir a verla al segundo piso de la tienda no. Y no me arrepiento del todo, quizá aún no es tiempo que sepa qué es la muerte.
El teléfono sonó esa mañana a las 6am, ante mi enojo como es costumbre porque la gente es demasiado inconciente para llamar a esas horas, contesté y mamá también, pero está vez dejé encendido el mío para poder escuchar que había muerto. No pude comprenderlo si desde mi ventana puedo ver su habitación. No pude comprenderlo porque te acostumbras a las personas. A saber que están ahí para decir su linea del guión. Hubo demasiados chismes y confusión ante su velorio y entierro. Cambio de día, lugar, hora. E incluso la familia llegó a decir que se estaba recuperando en el hospital cuando probablemente era embalsamada para su funeral.
Cuando mamá me preguntó si asistiría le contesté firmemente que si. Era justo. Así que esa noche me vestí de negro y entré en esa sala un tanto vacía. La gente llevaba alcatraces y sobre su cristal podía ver a lo lejos otros más. Mis flores favoritas. Estaba atrás viendo a la gente y siendo vista. No sabía en que momento me llegaría el valor para verla muerta. Y fue en ese lugar donde comprendí que la gente se muere cuando comienzan a rezarle. En ese instante mdonde mil y un ave marías se repiten sin cesar, ahí fue cuando su delirio y último respiro tuvieron su fin. Además comprendí y evite reirme de esa idea de "señores contigo" en lugar de "el señor es contigo". Pero debo admitir que lo más estremecedor es eso, el rezo. Después me puse de pie y comence a caminar ese extraño espacio que bien podría ser de una iglesia para llegar al pulpito, pero está vez desembocaba en una caja gris y no guinda como ella lo había visto. Estaba dentro del cristal arreglada para la ocasión, sin una expresión de felicidad. Simplemente muerta. De pronto mi sobrina de 4 años se aproximó e hizo algunas preguntas. ¿Cómo explicas que las personas un día dejamos de existir como tal para habitar en un recuerdo?Traté de responder a su inocencia con la mayor sensatez de la que ningun adulto podría ofrecerle. Para luego hacerme un café tan horripilante que más bien parecía agua y azúcar. Después lo que hace la gente, seguir el rumbo de la vida sabiendo que es efímera y fugaz. Sabiendo que un microsegundo es suficiente para no estar aquí ahora sientiendo. Ayer después de un jamás la tienda permaneció cerrada y no compré la leche, ¿cómo ir más lejos?¿cómo desafiar a la costumbre?, es así como se comprende que no sólo la vida de los familiares tiene que reajustarse a las circunstancias sino todos los demás vecinos.
posted by !ne-sH? @ 21:50  
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