El bastón, las monedas, el llavero,la dócil cerradura, las tardías notas que no leerán los pocos días que me quedan, los naipes y el tablero,un libro y en sus páginas la ajada violeta, monumento de una tarde sin duda inolvidable y ya olvidada,el rojo espejo occidental en que arde una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,láminas, umbrales, atlas, copas, clavos, nos sirven como tácitos esclavos,ciegas y extrañamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos hemos ido. Borges
Como si estuviera un poco muerta...
es que adoro las siestas... |