en el refrigerador...
 
dearness
jueves, febrero 09, 2006
Pinto
Ninguno de nosotros lo vio nacer, pero basto encontrarlo bajo un auto, en una colonia de algún lugar de este absurdo planeta. Tenía cerca de 5 meses, un niño recien llegado del kinder y un lazo que haría el trabajo de caza y de eternidad. Una mascota nueva de la familia entera. Quizá sus primeros años transcurrieron en lo que sería el garage remodelado para habitación, pero eso no debió importarle mucho si existía comida y mucho aprecio. Después vino un insidente que habría de cambiar su futuro: Morder a una niña. Él no era malo, pero era terrible ladrando...lo trasladaron de casa, una familia necesitaba a alguien que los cuidase , además que querrían sacrificarlo por el percance. Hizo siempre bien su trabajo, ninguna queja acerca de éste, saltaba y ladraba contra los asquerosos intrusos. Muchas veces llego a salirse de casa y pelear, pero volvía, siempre volvía, mal herido, casi muerto, para ser curado con la dedicación de las manos que lloraron su adiós. Él era bueno, fiel compañero, a veces lo llevaban a pasear a algún lejano lugar, la odiada familia lo odiaba, porque cumplía la labor, porque era estruendoso escucharlo ladrar, toda la noche, toda su vida. Los años comenzaron a pasar con tal magia que él no lograse notar que el tiempo entierra a sus muertos y guarda las llaves. Llegó un nuevo miembro a la familia, nunca se le desplazo, de hecho aprendió a ladrar con sus ladridos, pero después la rivalidad no permitió tenerlos juntos, se hacian pedazos y había que curarles las heridas. No importa los mimos que no se escucharán porque él sabía hablar con sus ojos sin más palabras, porque él sabía que nos haría falta, que el tiempo no cura las heridas que a él le sanaba. Siguieron pasando los años de vitaminas invernales, existía esa dificultad visible de ponerse de pie, eso que nos sucederá a todos, porque de un tiempo acá nos estamos haciendo más viejos que de costumbre. Los últimos meses fue destinado al patio de abajo para su comodidad, seguridad y libertad. Siempre había un plato de deliciosas croquetas especiales y una cubeta de llega de agua que saciar la sed, pero al final ya no quiso comer...Había que levantarse incluso de madrugada para ayudarle, acomodar sus tapetes, sostenerlo a cada paso porque el tiempo absorbe las fuerzas. Pinto vivió 20 años, más de los que yo tengo, fue un gran perro, el mejor que hemos tenido, por muchas cosas y escencialmente una: ladrar.
Muchas fueron las discusiones sobre "ayudarle a morir" , el viernes después de un día callado de palabras, llegué a casa a las 11pm para escuchar los reclamos por la hora y la noticia de que había muerto esa tarde. Pinto no quiso comer más, respiraba lento y profundo, Mamá llamó al veterinario pero ya nada se podía hacer, le vio morir con las lágrimas más saladas de una pena sagrada, de un reclamo no dicho, porque la vida es injusta, porque nadie habla de un cielo para perros. Lo llevó a la tumba predestinada en el jardín trasero, lo enterró, porque Pinto debía ser naturaleza y vida de nuevo, porque quizá pronto sea una flor de un regado huerto.
Porque él nunca supo que vivió más de la cuenta y nunca se lo diremos...
posted by !ne-sH? @ 18:29  
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