Con la música de fondo de viejas vacaciones, una cobija en la cama de mis padres, dejándome vencer por el cansansio y el olor a químico de reveladas fotos. Sin preguntas y sin respuestas, bailando en un sueño que no recuerdo, con el dorso de la mano tatuado de una promesa a evaluar, durante las próximas dos horas no sé quién me llama, habla o canta, simplemente duermo por una certeza a despertar con el sonido del agua caer en una anunciada llovizna. Alguien volvió, dejó la playa y la alegría, llamó está noche y me dejó fría. Alguna vez Ana Frank escribió: Soy un manojo de contradicciones. |