Era la demostración del todo. La continuación de la mañana. La seriedad de mis palabras. La esperanza de mis latidos, de los breves minutos en los que deseaba dormir un poco y ella me alentaba a no abandonarla. Ajena a todo, perteneciente al mundo...a latinoamerica(sarcasmo). Era otro amanecer, vestir y enloquecer. Me encontraba porque aún estaba, bailando algo que yo no sé bailar, porque yo no sé bailar, porque a mí no me gusta bailar. A pesar de los secretos en busca de traicionar al destino, de las miradas complices: el papel estuvo ahí. Y yo con la responsabilidad de todo el trabajo previo, el loable esfuerzo,con mis lecturas nocturnas en el sofá a contraluz y la crayola verde, la presentación y el triptico, el trabajo final, la introducción de la mañana. Ella yo, vestida de marca Sarah´s, con las peinetas colombianas, las copias en la mano y el breve suspiro que nunca salió. Pude hacerlo menos peor. Siempre dije en broma que cuando la maestra no dejara de hablar o preguntara algo me pondría a llorar. Momentos de tranquilidad, algunos. Pero hay sensaciones inevitables, al menos incontrolables. Porque cuando el mundo se junta en un salón con ventanas y puertas cerradas(para mí), 50 personas esperando más de ti; tienes un compromiso mas que con ellos contigo mismo de hacerlo bien, la posibilidad se hace más corta que en muchos meses de paz, y luego el corazón late con más fuerza, como si quisiera huir y tu sigues parada esperando a que termine de hablar (aplica para todo), las letras se revuelven para que el oxígeno no sea suficiente, después la patetica y peor acostumbrada voz sale con dificultad del centro de la garganta, pero no para gritar...y serás una estupida pidiendo permiso para salir y botar todo; porque no pudiste hacer nada por ti, porque te quemaste de nuevo con ese fuego que siempre te atormenta, que crees que has dejado atrás, pero que regresa para hacerte pensar que está saliendo mal...de nuevo. Una vez afuera, los calambres no te permiten llegar más lejos del lugar donde tus incontables lágrimas caerán, y las manos y los pies se confunden porque a estas alturas da igual quien eres, lo que eres y no serás más. Y lloras...de pena: ambas lastima y vergüenza. Y todo se acaba en ese momento, el estante se vacía y todo se mezcla. Las voces resuenan como una tormenta de la cual no se puede salir, porque se ha oscurecido momentaneamente. Sí, se desean los abrazos que llegan, las mentiras y los malos ejemplos que hacen reir. A pesar de eso, se quiere estar en casa y dormir. Bien dicen que lo más díficil es enfrentar los hechos y reconocer lo débil o lo fuerte que se es. Yo no sé. Preferí ir a casa de abuela, comer ahí, dormir un poco con la ventana abierta para no escuchar, para no tener que levantarse después de una hora, para ir a casa, para que todo me esperé como yo lo recordaba.
Una recriminación personal. |